La máquina del tiempo
La máquina del tiempo Pronto dejé de notar las paredes a mis lados, llegué a un espacio amplio y abierto, y encendiendo otra cerilla, vi que habÃa entrado en una vasta caverna arqueada que se extendÃa en las profundas tinieblas más allá de la claridad de mi cerilla. Vi lo que se puede ver mientras arde una cerilla.
Mi recuerdo es forzosamente vago. Grandes formas parecidas a enormes máquinas surgÃan de la obscuridad y proyectaban negras sombras entre las cuales los inciertos y espectrales Morlocks se guarecÃan de la luz. El sitio, dicho sea de paso, era muy sofocante y opresivo, y débiles emanaciones de sangre fresca flotaban en el aire. Un poco más abajo del centro habÃa una mesita de un metal blanco, en la que parecÃa haberse servido una comida. ¡Los Morlocks eran, de todos modos, carnÃvoros! Aun en aquel momento, recuerdo haberme preguntado qué voluminoso animal podÃa haber sobrevivido para suministrar el rojo cuarto que yo veÃa. Estaba todo muy confuso: el denso olor, las enormes formas carentes de significado, la figura repulsiva espiando en las sombras, ¡y esperando tan sólo a que volviesen a reinar las tinieblas para acercarse a mà de nuevo! Entonces la cerilla se apagó, quemándome los dedos, y cayó, con una roja ondulación, en las tinieblas.