La máquina del tiempo
La máquina del tiempo He pensado después lo mal equipado que estaba yo para semejante experiencia. Cuando la inicié con la Máquina del Tiempo, lo hice en la absurda suposición de que todos los hombres del futuro debÃan ser infinitamente superiores a nosotros mismos en todos los artefactos. HabÃa llegado sin armas, sin medicinas, sin nada que fumar —¡a veces notaba atrozmente la falta del tabaco!—; hasta sin suficientes cerillas. ¡Si tan sólo hubiera pensado en una Kodak! PodrÃa haber tomado aquella visión del Mundo Subterráneo en un segundo, y haberlo examinado a gusto. Pero, sea lo que fuere, estaba allà con las únicas armas y los únicos poderes con que la Naturaleza me ha dotado: manos, pies y dientes; esto y cuatro cerillas suecas que aún me quedaban.