La máquina del tiempo
La máquina del tiempo Miré a mi alrededor para ver si quedaban rastros de alguna vida animal. Cierta indefinible aprensión me mantenÃa en el sillÃn de la máquina. Pero no vi moverse nada, ni en la tierra, ni en el cielo, ni en el mar. Sólo el légamo verde sobre las rocas atestiguaba que la vida no se habÃa extinguido. Un banco de arena apareció en el mar y el agua se habÃa retirado de la costa. Creà ver algún objeto negro aleteando sobre aquel banco, pero cuando lo observé permaneció inmóvil. Juzgué que mis ojos se habÃan engañado y que el negro objeto era simplemente una roca. Las estrellas en el cielo brillaban con intensidad, y me pareció que centelleaban muy levemente.
De repente noté que el contorno occidental del Sol habÃa cambiado; que una concavidad, una bahÃa, aparecÃa en la curva. Vi que se ensanchaba. Durante un minuto, quizá, contemplé horrorizado aquellas tinieblas que invadÃan lentamente el dÃa, y entonces comprendà que comenzaba un eclipse. La luna o el planeta Mercurio pasaban ante el disco solar. Naturalmente, al principio me pareció que era la Luna, pero me inclino grandemente a creer que lo que vi en realidad era el tránsito de un planeta interior que pasaba muy próximo a la Tierra.