La máquina del tiempo
La máquina del tiempo La obscuridad aumentaba rápidamente; un viento frÃo comenzó a soplar en ráfagas refrescantes del este, y la caÃda de los copos blancos en el aire creció en número. De la orilla del mar vinieron una agitación y un murmullo. Fuera de estos ruidos inanimados el Mundo estaba silencioso. ¿Silencioso? SerÃa difÃcil describir aquella calma. Todos los ruidos humanos, el balido del rebaño, los gritos de los pájaros, el zumbido de los insectos, el bullicio que forma el fondo de nuestras vidas, todo eso habÃa desaparecido. Cuando las tinieblas se adensaron, los copos remolineantes cayeron más abundantes, danzando ante mis ojos. Al final, rápidamente, uno tras otro, los blancos picachos de las lejanas colinas se desvanecieron en la obscuridad. La brisa se convirtió en un viento quejumbroso. Vi la negra sombra central del eclipse difundirse hacia mÃ. En otro momento sólo las pálidas estrellas fueron visibles. Todo lo demás estaba sumido en las tinieblas. El cielo era completamente negro.