La máquina del tiempo
La máquina del tiempo Me invadió el horror de aquellas grandes tinieblas. El frÃo que me penetraba hasta los tuétanos y el dolor que sentÃa al respirar me vencieron. Me estremecÃ, y una náusea mortal se apoderó de mÃ. Entonces, como un arco candente en el cielo, apareció el borde del Sol. Bajé de la máquina para reanimarme. Me sentÃa aturdido e incapaz de afrontar el viaje de vuelta. Mientras permanecÃa asÃ, angustiado y confuso, vi de nuevo aquella cosa movible sobre el banco —no habÃa ahora equivocación posible de que la cosa se movÃa— resaltar contra el agua roja del mar. Era una cosa redonda, del tamaño de un balón de fútbol, quizá, o acaso mayor, con unos tentáculos que le arrastraban por detrás; parecÃa negra contra las agitadas aguas rojo sangre, y brincaba torpemente de aquà para allá. Entonces sentà que me iba a desmayar. Pero un terror espantoso a quedar tendido e impotente en aquel crepúsculo remoto y tremendo me sostuvo mientras trepaba sobre el sillÃn.