La máquina del tiempo
La máquina del tiempo El Director se puso en pie con un suspiro y dijo:
—¡Lástima que no sea usted escritor de cuentos! —y puso su mano en el hombro del Viajero a través del Tiempo.
—¿No cree usted esto?
—Pues yo...
—Me lo figuraba.
El Viajero a través del Tiempo se volvió hacia nosotros
—¿Dónde están las cerillas? —dijo: encendió una y entre bocanadas de humo de su pipa habló—: Si he decirles la verdad... apenas creo yo mismo en ello... Y sin embargo...
Sus ojos cayeron con una muda interrogación sobre las flores blancas marchitas que habÃa sobre la mesita. Luego volvió la mano con que asÃa la pipa, y vi que examinaba unas cicatrices, a medio curar, sobre sus nudillos.

El Doctor se levantó, fue hacia la lámpara, y examinó las flores.
—El gineceo es raro — dijo.
El Psicólogo se inclinó para ver y tendió la mano para coger una de ellas.
—¡Que me cuelguen! ¡Es la una menos cuarto! —exclamó el Periodista—. ¿Cómo voy a volver a mi casa?