La máquina del tiempo
La máquina del tiempo Hasta ese impulso artÃstico deberá desaparecer al final —habÃa desaparecido casi en el Tiempo que yo veÃa—. Adornarse ellos mismos con flores, danzar, cantar al Sol; esto era lo que quedaba del espÃritu artÃstico y nada más. Aun eso desaparecerÃa al final, dando lugar a una satisfecha inactividad. Somos afilados sin cesar sobre la muela del dolor y de la necesidad, y, según me parecÃa, ¡he aquà que aquella odiosa muela se rompÃa al fin!
Permanecà allà en las condensadas tinieblas pensando que con aquella simple explicación habÃa yo dominado el problema del Mundo, dominando el secreto entero de aquel delicioso pueblo. Tal vez los obstáculos por ellos ideados para detener el aumento de población habÃan tenido demasiado buen éxito, y su número, en lugar de permanecer estacionario, habÃa más bien disminuido. Esto hubiese explicado aquellas ruinas abandonadas. Era muy sencilla mi explicación y bastante plausible, ¡como lo son la mayorÃa de las teorÃas equivocadas!