La máquina del tiempo
La máquina del tiempo Me senté en el frescor de la mañana, intentando recordar cómo habÃa llegado hasta allÃ, y por qué experimentaba una tan profunda sensación de abandono y desesperación. Entonces las cosas se aclararon en mi mente. Con la clara razonable luz del dÃa, podÃa considerar de frente mis circunstancias. Me di cuenta de la grandÃsima locura cometida en mi frenesà de la noche anterior, pude razonar conmigo mismo.
—«¿Suponer lo peor? —me dije—. ¿Suponer que la máquina está enteramente perdida, destruida, quizá? Me importa estar tranquilo, ser paciente, aprender el modo de ser de esta gente, adquirir una idea clara de cómo se ha perdido mi aparato, y los medios de conseguir materiales y herramientas; a fin de poder, al final, construir tal vez otro.»
TenÃa que ser aquélla mi única esperanza, una mÃsera esperanza tal vez, pero mejor que la desesperación. Y, después de todo, era aquél un Mundo bello y curioso.