La máquina del tiempo
La máquina del tiempo Era éste, como creo haber dicho, de bronce. No se trataba de un simple bloque, sino que estaba ambiciosamente adornado con unos paneles hondos a cada lado.
Me acerqué a golpearlos. El pedestal era hueco. Examinando los paneles minuciosamente, observé que quedaba una abertura entre ellos y el marco. No habÃa allà asas ni cerraduras, pero era posible que aquellos paneles, si eran puertas como yo suponÃa, se abriesen hacia dentro. Una cosa aparecÃa clara a mi inteligencia. No necesité un gran esfuerzo mental para inferir que mi Máquina del Tiempo estaba dentro de aquel pedestal. Pero cómo habÃa llegado hasta allà era un problema diferente.