Tono-Bungay
Tono-Bungay —¿Me quieres? —dijo, apartándose con un forcejeo de m×. ¡No sigas! —Y luego, mientras el metro entraba en una estación—: No debes decÃrselo a nadie… No sé… No deberÃas haber hecho esto…
Entonces entraron otras dos personas en el vagón, y aquello acabó con mi cortejo por un rato.
Cuando nos encontramos solos de nuevo, caminando hacia Battersea, ella habÃa decidido sentirse ofendida. Me despedà sin haber sido perdonado y terriblemente desmoralizado.
Cuando nos encontramos de nuevo, me dijo que no debÃa hacer «aquello» otra vez.
Yo habÃa soñado que besar sus labios era la satisfacción definitiva. Pero por supuesto era tan solo el principio de los deseos. Le dije que mi única ambición era casarme con ella.
—Pero —dijo— no te hallas en posición… ¿De qué sirve hablar as�
Me quedé mirándola.
—Lo digo en serio —murmuré.
—No puedes —respondió—. Pasarán años antes de que…
—Pero yo te quiero —insistÃ.