Tono-Bungay
Tono-Bungay Estaba a menos de un metro de los dulces labios que habÃa besado; estaba a la longitud de un brazo de la inanimada belleza que deseaba animar, y vi abrirse entre nosotros un abismo de años, trabajo, espera, decepciones, y una inmensa inseguridad.
—Te quiero —dije—. ¿Tú no me quieres?
Me miró directamente al rostro, con unos ojos graves e insensibles.
—No lo sé —dijo—. Me gustas, por supuesto… Pero hay que ser sensato…
Puedo recordar ahora mis sentimientos de frustración ante su inflexible respuesta. Hubiera debido percibir entonces que para ella mi ardor no poseÃa un fuego estimulante. ¿Pero cómo podÃa saberlo? HabÃa dejado que mi deseo por ella fuera creciendo, mi imaginación la adornaba con infinitas posibilidades. La deseaba y la deseaba, estúpida e instintivamente…
—Pero —dije—, el amor…
—Hay que ser sensato —respondió—. Me gusta estar contigo. ¿No podemos seguir como hasta ahora?