Tono-Bungay
Tono-Bungay Y asà un dÃa me encontré sentado, sumergido en un considerable asombro, en los jardines de Kensington, reflexionando sobre una reciente y acalorada entrevista con el registrador de la escuela, en la cual habÃa desplegado más espÃritu que sentido. Estaba asombrado principalmente por mi prodigiosa deserción de todos los ideales militantes de decidido estudio que habÃa traÃdo de Wimblehurst. Me habÃa convertido, como dijo el registrador, en «un absoluto sinvergüenza». Mi fracaso en conseguir una nota en mis exámenes escritos habÃa sido igualado solamente por la insuficiencia de mi trabajo práctico.
—Le pregunto —me habÃa dicho el registrador—: ¿qué va a ser de usted cuando termine su perÃodo de estudios?
Era realmente una interesante pregunta. ¿Qué iba a ser de m�