Tono-Bungay
Tono-Bungay Pero por supuesto la conversación fue en una dirección completamente distinta. Cuando me encontré frente a ella toda mi elocuencia nocturna se volvió ridícula y todos los valores morales se alteraron por completo. La esperé frente a la puerta del establecimiento de los Mantos Persas en Kensington High Street, y la acompañé caminando a su casa. Recuerdo cómo surgió a la cálida luz de la tarde, y que llevaba un sombrero de paja marrón que la hacía parecer, por una vez, no solo hermosa sino adorable.
—Me gusta este sombrero —le dije para iniciar la conversación, y ella me dedicó una de sus raras y deliciosas sonrisas.
Luego bajé la voz, mientras nos acercábamos el uno al otro en la calle.
—Te quiero —susurré.
Agitó la cabeza ominosamente, pero sin dejar de sonreír. Luego:
—¡Sé formal!
La acera de High Street es demasiado estrecha y está siempre demasiado llena de gente como para mantener allí una conversación, de modo que llevábamos caminando ya un cierto rato en dirección oeste antes de que habláramos de nuevo.
—Mira —dije—, te deseo, Marion. ¿Comprendes? Te deseo.