Tono-Bungay
Tono-Bungay —Marion —seguà cuando volvimos a reunirnos—, te estoy diciendo que quiero que te cases conmigo.
—No podemos.
—¿Por qué no?
—No podemos casarnos… en la calle.
—¡Podemos confiar en nuestra suerte!
—Me gustarĂa que no siguieras hablando asĂ. ÂżDe quĂ© sirve?
De pronto adoptĂł una actitud hosca.
—No es bueno casarse —dijo—. Lo único que haces es hundirte en la miseria. He visto a otras chicas. Cuando una está sola siempre tiene un poco de dinero en el bolsillo pase lo que pase, una puede ir a donde quiera. Pero piensa en nosotros casados y sin dinero, y quizá con niños…, sin ninguna seguridad…
SiguiĂł exponiendo su concentrada filosofĂa de su clase y tipo a travĂ©s de una serie de bruscas e incompletas frases, con el ceño fruncido, con sus descontentos ojos fijos en la claridad occidental, olvidándose por un momento, al parecer, incluso de mĂ.
—Mira, Marion —dije bruscamente—, ÂżquĂ© te decidirĂa a casarte conmigo?
—¿De qué sirve…? —empezó.
—¿Te casarĂas conmigo con trescientas al año?
Me mirĂł por un momento.