Tono-Bungay
Tono-Bungay —¡Hola! —exclamó mi tÃa cuando aparec×. ¡Pero si es George!
—¿Sirvo ahora el té, señora? —preguntó la auténtica doncella, observando frÃamente nuestros saludos.
—No hasta que venga mr. Ponderevo, Meggie —respondió mi tÃa, e hizo una mueca con una extraordinaria rapidez y virulencia apenas la doncella se hubo dado la vuelta—. Meggie, se hace llamar —comentó mientras se cerraba la puerta, y en sus palabras se percibÃa una cierta falta de simpatÃa.
—Se ve usted espléndida, tÃa —dije.
—¿Qué piensas de todos esos viejos negocios en que se ha metido? —preguntó mi tÃa.
—Parecen prometedores —dije.
—Supongo que habrá negocio en algún lado.
—¿No lo ha visto?
—Me temo que tendrÃa algo que decir, George, si lo hiciera. De modo que él no me deja. Ocurrió todo tan rápido. Estaba ahà siempre rumiando y escribiendo cartas y siseando de una forma horrible… Como una castaña a punto de estallar. Luego, un buen dÃa llegó a casa diciendo Tono-Bungay hasta que pensé que habÃa perdido la cabeza, y cantando… ¿Qué era lo que cantaba?
—Estoy a flote, estoy a flote —aventuré.