Tono-Bungay
Tono-Bungay —Exacto. Tú lo has oÃdo. Y diciendo que habÃamos hecho nuestra fortuna. Me llevó al restaurante Ho’born, George, a cenar, y bebimos champán, eso que se te sube a la parte de atrás de la nariz y te hace arrugarla asÃ, y dijo que al fin habÃa conseguido lo que yo me merecÃa… Y al dÃa siguiente nos mudamos. Esta es una casa de lujo, George. Tres libras a la semana, y no sé cuántas habitaciones. Y él dice que los negocios van viento en popa.
Me miró dubitativamente.
—Es eso o estrellarse —dije yo con voz grave.
Discutimos la cuestión en silencio por unos instantes, a través de nuestros ojos. Mi tÃa dio una palmada sobre el montón de libros.
—He estado leyendo mucho últimamente, George. ¡Tú nunca lo hiciste!
—¿Qué piensa usted del asunto? —pregunté.
—Bien, le hace ganar dinero —dijo, y se quedó pensativa, y arqueó las cejas.
Yo no dije nada.