Tono-Bungay
Tono-Bungay —Ha sido una época difÃcil —continuó—. Siempre de un lado para otro. Yo arrinconada sin hacer nada, y él yendo y viniendo como un cohete. Ha hecho maravillas. Pero te quiere a ti, George, te quiere a ti. A veces está lleno de esperanzas… Habla de cuando tendremos coche propio y entraremos en sociedad… Hace que todo parezca tan natural y sin embargo tan revuelto que apenas sé, mientras lo escucho, si no estaré con los pies en el aire y mi vieja cabeza apoyada en el suelo… Y luego, de pronto, se deprime. Dice que desea frenar un poco. Dice que se ve capaz de lanzarse, pero que luego no puede seguir manteniendo las cosas. Dice que si tú no vienes todo se derrumbará… ¿Vas a venir, George?
Hizo una pausa y me miró.
—Bueno…
—No digas que no vas a venir.
—Pero mire, tÃa —argumenté—, ¿no se da usted cuenta? Es una medicina de curanderos. Es basura.
—No conozco ninguna ley que prohÃba vender medicina de curanderos —dijo mi tÃa. Quedó pensativa durante un minuto, y luego adoptó un tono grave—. Es nuestra única posibilidad, George —dijo—. Si la cosa no sigue adelante…
Llegó a nuestros oÃdos el ruido de una puerta que se abrÃa y luego se cerraba, y el fuerte resonar de una voz cantando al otro lado de las puertas plegables: