Tono-Bungay
Tono-Bungay —¡Aquà lleeega… el vieeejo… marineeero… de vueeelta… a caaasa…!
—¡El mismo viejo gramófono oxidado de siempre! ¡Escúchalo, George! —Luego alzó la voz—: ¡No cantes eso, vieja morsa! ¡Canta «estoy a flote»!
Una hoja de las puertas plegables se dobló hacia un lado, y apareció mi tÃo.
—¡Hola, George! ¿Al fin has venido? ¿Tomamos ya el té, Susan?
No esperó su respuesta. De nuevo dirigiéndose a mÃ:
—¿Ya has pensado todo lo que tenÃas que pensar, George?
—Sà —dije.
—¿Te unes a m�
Hice una pausa por un último momento, y asentà con la cabeza.
—¡Ah! —exclamó—. ¿Y por qué no me lo dijiste hace una semana?
—TenÃa falsas ideas acerca del mundo —murmuré—. Oh, ahora ya no importan. SÃ, me uno a usted: correré el riesgo. No volveré a dudar.
Y no lo hice. Me mantuve firme en aquella resolución durante siete largos años.