Tono-Bungay
Tono-Bungay No sé si sorprenderá al lector el hecho de que estoy exponiendo mi singularmente torpe relación amorosa y el error de mi matrimonio con una excesiva solemnidad. Pero me parece a mà que con ello alcanzo un objetivo mucho más vasto que la exposición de nuestra pequeña aventura personal. He pensado en ello durante toda mi vida. En estos últimos años he intentado extraer de la experiencia al menos un poco de sabidurÃa. Y en particular he pensado en esta parte de mi vida. Me siento enormemente impresionado por la forma ignorante y sin guÃa en que los dos nos comprometimos. Lo más extraño en todo este entretejido de incomprensiones y afirmaciones erróneas, responsabilidades y desvencijadas convenciones que constituyen nuestro orden social cuando dos individuos se encuentran, es que nos uniéramos tan accidental y tan ciegamente. Porque no éramos más que unas muestras de un destino común. El amor no solo es el hecho cardinal de la vida del individuo, sino la preocupación más importante de la comunidad; después de todo, la forma en que se empareja la gente joven de esta generación determina el destino de la nación; todos los demás asuntos del Estado son subsidiarios de este. Y dejamos a unos ruborizados y desmañados jóvenes que averigüen torpemente su propio significado, sin nada que los guÃe excepto unas miradas impresionadas, unas cuantas tonterÃas sentimentales y unos pocos susurros y palabras afectadas como muestra.