Tono-Bungay
Tono-Bungay —También ha cambiado usted el aspecto de este valle —dijo.
—Es un cambio temporal —respondÃ, sospechando lo que bullÃa por su mente.
—Por supuesto. Las cosas vienen y van. Vienen y van. Pero… Hummm. Acabo de subir a la colina para contemplar la nueva casa de mr. Edward Ponderevo. Eso… eso es algo más permanente. ¡Un lugar magnÃfico…!, en muchos aspectos. Impresionante. Nunca habÃa pensado en todo ello antes… Las cosas están muy adelantadas… Encontramos que el gran número de desconocidos que han penetrado en los pueblos de por aquà debido a estas operaciones, peones principalmente, resulta algo un tanto embarazoso… Nos desconcierta. Traen al lugar un nuevo espÃritu; apuestas…, ideas…, todo tipo de nociones extrañas. A nuestros taberneros les gusta, por supuesto. Y vienen y duermen en las dependencias de la casa de uno…, y hacen el lugar un poco inseguro por las noches. La otra mañana no podÃa dormir, una ligera dispepsia, y me asomé y miré por la ventana. Me quedé sorprendido al ver a gente yendo en bicicleta. Una silenciosa procesión. Conté noventa y siete…, al amanecer. Todos dirigiéndose a la nueva carretera que sube hasta Crest Hill. Notable, pensé. Asà que he subido a ver lo que estaban haciendo.
—Hubiera sido algo mucho más que notable hace treinta años —dije.