Tono-Bungay
Tono-Bungay —SÃ, por supuesto. Las cosas cambian. Ahora no pensamos en nada raro al respecto… en comparación. Y esa gran casa…
Alzó las cejas.
—¡Asombrosa, realmente! Asombrosa…
Dudó.
—Toda la colina…, la vieja tierra…, ¡rasgada a jirones!
Sus ojos buscaron mi rostro.
—Hemos crecido tan acostumbrados a alzar los ojos hacia Lady Grove —dijo, y sonrió en busca de simpatÃa—. Eso hace oscilar nuestro centro de gravedad.
—Las cosas se reajustarán por sà mismas —mentÃ.
Se aferró a aquella frase.
—Por supuesto —dijo—. Se reajustarán por sà mismas…, volverán a sus cauces. Deben hacerlo. A la antigua manera. Todo volverá a ser de nuevo como siempre… Es un pensamiento reconfortante. SÃ. Después de todo, la propia Lady Grove tuvo que ser construida alguna vez, en su tiempo… Fue… al principio…, algo artificial.
Sus ojos se volvieron hacia mi aeroplano. Intentó echar a un lado sus graves preocupaciones.
—TendrÃa que pensármelo dos veces —observó— antes de confiar en uno de estos aparatos. Pero supongo que uno acaba acostumbrándose al movimiento.