Tono-Bungay

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La enfermera me encontró llevando todavía mi casco de vendajes, parcialmente vestido, y rebuscando por toda la habitación para encontrar el resto de mis ropas. Me hallaba en un estado de exasperado apetito por Beatrice, y me sentía demasiado inflamado y debilitado como para ocultar el estado de mi mente. Me sentía débilmente furioso debido a la irritación de vestirme y sobre todo por el esfuerzo de ponerme mis pantalones sin ser capaz de ver mis piernas. Iba tambaleándome de un lado para otro, hasta que caí sobre una silla y derribé el jarrón de asteres silvestres.

Debió de ser un espectáculo detestable.

—Volveré a la cama —dije— si antes puedo tener unas palabras con miss Beatrice. Tengo algo importante que decirle. Por eso es por lo que me estoy vistiendo.

Se me concedió eso, pero hubo largos retrasos. Si mi ultimátum fue transmitido a las altas estancias de la casa o si la enfermera se lo dijo directamente a Beatrice es algo que no llegué a saber nunca, y no puedo imaginar lo que lady Osprey pudo llegar a hacer en el primer caso…

Finalmente, Beatrice entró y se detuvo al lado de mi cama.

—¿Y bien? —preguntó.


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