Tono-Bungay
Tono-Bungay Nos encontramos para dar un paseo en las plantaciones superiores. Debió de ser a primeros de enero, porque habÃa nieve en el suelo y en las ramas de los árboles. Caminamos arriba y abajo durante una hora o más, y desde el principio situé un tono demasiado alto en el lado romántico e hice el entendimiento imposible. Fue nuestro peor momento juntos. Yo alardeaba como un actor, y ella, no sé por qué, estaba cansada y como cohibida.
Ahora que vuelvo a pensar en aquella charla a la luz de todo lo ocurrido desde entonces, puedo imaginar que vino a mà llena de una atracción humana que yo fui lo suficientemente estúpido como para dejarle mostrar. No sé. Confieso que nunca he comprendido enteramente a Beatrice. Confieso que aún me siento perplejo ante muchas cosas que ella dijo e hizo. Aquella tarde, sin embargo, fue imposible. Yo planteé y regañé. Estaba, dije, «¡dispuesto a agarrar el Universo por la garganta!».
—Si tan solo se tratara de eso —dijo ella, pero aunque la oà no la escuché.
Al final renunció y no habló más. En vez de ello se me quedó mirando… como una cosa más allá de su control pero no por ello menos interesante, del mismo modo que me habÃa mirado desde detrás de la falda de lady Drew en la Conejera cuando los dos éramos unos niños. Una vez incluso creo que sonrió débilmente.