Tono-Bungay
Tono-Bungay —Hachta hoy echte ech el primer barco que pierdo… ¡y no me guchta! No era una carga que ningún hombre debiera llevar. ¡No!
Contemplé los lentos cÃrculos que iban formándose en el agua a partir del lugar donde se habÃa hundido el Maud Mary y, con él, las últimas esperanzas de Organizaciones Empresariales. Me sentÃa débil más allá de todas las emociones. Pensé en mis heroicidades ante Beatrice y mi tÃo, en mi pronto «Yo iré», y en todos los meses inútiles que habÃa perdido tras mi precipitada decisión. Me sentà impulsado a reÃrme de mà mismo y del destino.
Pero ni el capitán ni los hombres se reÃan. Los hombres me miraban con el ceño fruncido y se frotaban sus llagadas y doloridas manos, y se pusieron a remar…
Como todo el mundo sabe, fuimos recogidos por el transatlántico de la Union Castle Portland Castle.
El peluquero de a bordo era un hombre maravilloso, e incluso me improvisó un traje de etiqueta y me proporcionó una camisa limpia y ropa interior suave y no irritante. Gocé de un baño caliente y me vestà y cené, y bebà una botella de Borgoña.
—Ahora —dije—, ¿tienen aquà algunos periódicos? Me gustarÃa saber qué ha estado ocurriendo en el mundo.