Tono-Bungay
Tono-Bungay Resopló y se limpió las gafas.
—Mi estómago ya no es lo que era —explicó—. Uno lo descubre… en estas ocasiones. ¿Cómo ocurrió, George? Tu marconigrama… Me hizo concebir esperanzas durante un tiempo.
Se lo conté concisamente. Fue asintiendo a los distintos párrafos de mi narración, y al final echó algo de una botella de medicina a un pequeño y pegajoso vaso de vino y lo bebió. Me di cuenta de la presencia de medicamentos, de tres o cuatro pequeñas botellas ante él entre sus desordenados papeles, de un débil y elusivamente familiar olor en la habitación.
—Sà —dijo, secándose los labios y volviendo a tapar la botella con el corcho—. Has hecho todo lo que has podido, George. La suerte ha estado contra nosotros.
Reflexionó, con la botella en la mano.
—Algunas veces la suerte viene contigo y algunas veces, no. Algunas veces no. Y entonces ¿dónde te encuentras? Como la paja en el horno. Luches o no luches.
Me hizo algunas preguntas, y luego sus pensamientos volvieron a sus propios y urgentes asuntos. Intenté conseguir de él alguna visión general de la situación, pero no parecÃa dispuesto a dármela.