Tono-Bungay
Tono-Bungay —El estómago, George —dijo—. He estado luchando contra eso. Todos los hombres luchan contra algo… Tienen algo que no les funciona bien, la cabeza, el corazón, el hÃgado…, algo. Zzzz. Algo les falla. A Napoleón también le ocurrió, al final. Durante toda la campaña de Waterloo, su estómago… ¡no era un estómago! Peor que el mÃo, sin duda.
Su aire deprimido pasó cuando la medicina empezó a trabajar dentro de él. Sus ojos se hicieron un poco más brillantes. Empezó a hablar más animado. Empezó a vestir la situación ante mis ojos, a admitir que aún habÃa posibilidades. Lo planteó como una retirada de Rusia. Aún habÃa la posibilidad de un Leipzig.
—Es una batalla, George, una gran lucha. Estamos luchando en nombre de millones. Aún tengo esperanzas. Quedan todavÃa por jugar una o dos cartas. No puedo contar todos mis planes…, serÃa arriesgado.
—Pero deberÃa… —empecé.
—No puedo, George. Es como pedir mirar un embrión. Hay que esperar a que nazca. Lo sé. En cierto modo, lo sé. Pero decirlo… ¡No! Has estado tanto tiempo fuera. Y todo se ha puesto tan complicado.