Tono-Bungay
Tono-Bungay No me preocupé por las reglas de la cortesÃa. Me puse en pie y formulé a quemarropa la pregunta que ardÃa en mi cabeza.
—¿De quién es este caballo? —quise saber.
Me miró directamente a los ojos.
—De Carnaby —respondió.
—¿Cómo has llegado hasta aquÃ… por este lado?
—El muro está caÃdo.
—¿CaÃdo? ¿Ya?
—Un gran trozo de él, entre las plantaciones.
—¿Lo has cruzado cabalgando, y has llegado hasta aquà por casualidad?
—Te vi ayer. Y cabalgué hasta aquà para verte.
Me habÃa acercado más a ella y alcé la vista hasta su rostro.
—Ahora soy un mero vestigio —dije.
No respondió, pero siguió mirándome fijamente, con un curioso aire de propiedad.
—Sabes que soy el superviviente de una gran catástrofe. Estoy rodando y cayendo a través de todo el andamiaje del sistema social… Será una suerte si consigo verme libre cuando llegue al fondo, y lo más probable es que me hunda en la oscuridad, fuera de la vista de todo el mundo, durante un año o dos.