Tono-Bungay
Tono-Bungay —Todo lo que sé del amor, todo lo que he soñado o aprendido nunca del amor, lo he condensado en estos dÃas para ti. Crees que podrÃamos vivir juntos y seguir amándonos. ¡No! Para ti no tendré vanas repeticiones. Has sido el mejor y todo para mÃ. ¿PodrÃamos volver a encontrarnos, después de esto, en Londres o en ParÃs o en algún otro lugar, vernos en alguna destartalada modista, reunirnos en un cabinet particulier?
—No —dije—. Quiero que te cases conmigo. Quiero que juegues al juego de la vida conmigo como harÃa cualquier mujer honesta. Ven y vive conmigo. Sé mi esposa y compañera. Dame hijos.
Contemplé su pálido y tenso rostro, y me pareció que aún podÃa convencerla. Busqué más palabras.
—¡Dios mÃo, Beatrice! —exclamé—. ¡Todo esto es cobardÃa y estupidez! ¿Le tienes miedo a la vida? ¡Tú, entre todo el mundo! ¿Qué importa lo que ha ocurrido o lo que fuimos? ¡Estamos aquÃ, con el mundo ante nosotros! Empieza de nuevo conmigo a partir de cero. ¡Lucharemos y venceremos! No soy un amante tan simple que no pueda decirte claramente cuando actúes mal, y dirimir nuestras diferencias contigo. Es lo único que deseo, lo único que necesito: tenerte, y más de ti, ¡y más aún! El acto del amor… es simplemente el acto del amor. Es solo una parte de nosotros, un incidente.
Agitó la cabeza y me interrumpió con brusquedad.