Tono-Bungay
Tono-Bungay Hasta hoy no he conseguido determinar en ningún momento si dijo o yo imaginé que decÃa «cloral». Quizá un diagnóstico semiconsciente llameó en mi cerebro. Quizá soy vÃctima de alguna perversa e imaginativa jugarreta de la memoria, alguna insinuada posibilidad que rascaba y llagaba. Aquà está la palabra en mi memoria, como escrita al fuego.
Llegamos finalmente a la puerta del jardÃn de lady Osprey, y estaba empezando a lloviznar.
Adelantó sus manos, y las tomé.
—Todo lo que tenÃa ha sido tuyo… —dijo con una voz débil y desapasionada—. ¿Lo olvidarás?
—Nunca —respondÃ.
—¿Ni un contacto, ni una palabra?
—No.
—Lo harás —dijo.
Nos miramos el uno al otro en silencio, y su rostro estaba lleno de cansancio y miseria.
¿Qué podÃa hacer yo? ¿PodÃa hacerse realmente algo?
—DesearÃa… —dije, y me detuve.
—Adiós.