La piedra de toque
La piedra de toque —Voy a cenar fuera esta noche… espero que no te importe que te deje solo. Julia Armiger acaba de decirme que le sobra una entrada para el último concierto de Ambrose. Me ha pedido que te diga cuánto lamenta no tener otra para ti… ¡pero le he dicho que no te importarÃa! —terminó la frase con una risa que tuvo el eco de las carcajadas de la señora Armiger y, antes de que Glennard pudiera hablar, añadió, con la mano ya en la puerta—: Al señor Flamel se le ha hecho tan tarde que apenas he tenido tiempo de cambiarme. El concierto empieza ridÃculamente temprano y Julia cena a las siete y media…
Glennard se quedó solo en la sala vacÃa, que, irónicamente, parecÃa haberse llenado al cobrar él conciencia de lo que estaba ocurriendo.
—Me odia —murmuró—. Me odia…