La piedra de toque
La piedra de toque —¿Y qué te hizo pensar eso? —su frente enrojeció—. ¿Te dijo que yo tenÃa cierto compromiso con él?
—¿Cierto compromiso? —Alexa se puso pálida.
—No nos andemos con rodeos. ¿No te dijo que fui yo quien publicó las cartas de Aubyn? Contéstame.
—No —dijo ella; y tras un momento en que pareció sopesar las opciones, añadió—: nadie me lo dijo.
—¿Entonces no lo sabÃas?
ParecÃa que hablar le costara un gran esfuerzo.
—No hasta… no hasta que…
—¿Hasta que te di esos papeles para que los ordenases?
Agachó la cabeza.
—¿Lo supiste entonces?
—SÃ.
Él contempló su rostro impasible.
—¿No lo sospechaste… antes? —dijo a duras penas.
—A ratos, sÃ… —su voz se tornó en un susurro.
—¿Por qué? ¿Por algo que alguien dijo…?
HabÃa un atisbo de compasión en sus ojos.
—Nadie dijo nada… nadie me dijo nada —desvió la mirada—. Fue el modo de comportarte…
—¿El modo de comportarme?