La piedra de toque

La piedra de toque

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El rubor fue pintándole la cara poco a poco —incluso su manera de sonrojarse era prudente—, hasta que los párpados inferiores se colorearon: los labios le temblaban, pero las palabras cedieron su sitio a una sonrisa, y aguardó. Glennard volvió a pasearse por la habitación con los pasos frustrados del hombre al que la exasperación nerviosa se le escapa por cada uno de sus músculos.

—¡Y pensar que en quince años tendré un gran bufete!

—¡En menos! —le brillaban los ojos.

—¡Maldita ironía! ¿Para qué preocuparse por el hombre que seré entonces? ¡Sacrificar tu vida por un desconocido! —De repente tomó sus manos—. Irás a Cannes, supongo… a Montecarlo… Le escuché decir a Hollingsworth que pensaba navegar hasta el Mediterráneo…

—Si eso es lo que piensas —soltó sus manos.

—No, no lo hago, ojalá lo hiciera. Sería todo más fácil… —se interrumpió, de forma incoherente—. Pero quizá tu tía Virginia sí. Te induce de algún modo a Hollingsworth y al Mediterráneo —volvió a tomar sus manos—. Alexa, ¿no habrá algún escondrijo para nosotros fuera de la ciudad?

—Ojalá lo hubiera —suspiró, medio rendida.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker