La piedra de toque
La piedra de toque La tranquila cubierta del barco era un agradable refugio del calor de tierra, y el perfil de su esposa, serenamente proyectado contra el azul cambiante del mar, se instaló en sus retinas como una mano fresca que templara sus nervios. Nunca se había sentido más impresionado por aquella rotundidad que elevaba su belleza por encima de los transitorios dones de las otras mujeres y que hacía que el rostro más armonioso pareciera tan sólo una fortuita distribución de rasgos.