La piedra de toque
La piedra de toque Lo cierto es que no era una gran lectora y era raro que algún libro nuevo cayera en sus manos hasta que llegaba, por asà decirlo, al ámbito familiar; pero ella insistió, con amable tenacidad.
—Creo que me va a interesar porque leà su biografÃa el año pasado.
—¿Su biografÃa? ¿Dónde la conseguiste?
—Me la prestaron cuando salió… Creo que fue Flamel.
Su primer impulso fue el de gritar: «¿Por qué diablos le pides libros a Flamel? Yo puedo comprarte todos los que quieras…», pero se vio forzado a sonreÃr con sumisión.
—Flamel siempre tiene los últimos libros que salen, ¿verdad? Por cierto, has de tener cuidado en devolvérselos. Es bastante celoso de su biblioteca.
—Ah, siempre tengo mucho cuidado —contestó, con un toque de competencia que lo alcanzó de pleno; y luego añadió, mientras él se ponÃa el sombrero—: no te olvides de las cartas.