La piedra de toque
La piedra de toque —SÃ, y muy bien… Se conocieron en Hillbridge hace años. El libro lo ha hecho sentirse fatal… Por nada del mundo lo leerÃa… Y tampoco querÃa que yo lo leyera. Al principio me pareció raro, pero ahora comprendo que para él serÃa como un acto de deslealtad: es mucho peor conocer los secretos de un amigo que los de un extraño.
—Ay, qué joven tan sensible —dijo Flamel, como si nada.
Y Alexa replicó, casi reprendiéndole:
—Si usted la hubiera conocido seguro que se sentirÃa igual…