La piedra de toque
La piedra de toque Glennard permaneció inmóvil, vencido por la extraña inoportunidad con la que había hecho a Flamel partícipe de los dos puntos más dañinos para su causa: su amistad con Margaret Aubyn y haber ocultado a Alexa que había tenido que ver con la publicación de las cartas. Alguien dotado de una astucia menor que la de Flamel ya habría tenido claro a quién iban dirigidas; y una vez sugerida la posibilidad, nada sería más fácil que confirmarla mediante una discreta investigación. Un impulso de culpabilidad condujo a Glennard hasta la ventana. ¿Por qué no anticiparse y revelar a su mujer la verdad en presencia de Flamel? Si éste tenía algo de decencia, esta opción sería la mejor manera de asegurarse su silencio. Y, por encima de todo, lo libraría de tener que defenderse de las continuas críticas por haber traicionado la confianza de su esposa…