Santuario
Santuario En los dos días que siguieron a su charla con la señorita Verney vio muy poco a Dick. Éste se iba temprano al estudio y regresaba tarde. Parecía menos cansado y más sereno que durante los primeros días tras la muerte de Darrow, pero había algo nuevo e inescrutable en su manera de comportarse, una especie de cautela, casi de resistencia, como si se hubiera atrincherado contra las sospechas de su madre. La respuesta de la señorita Verney a su preocupada afirmación de que no había hecho nada para influir en Dick («Nada», había contestado la joven, «excepto leer sus pensamientos») la había sobrecogido. La señora Peyton se asustó ante este descubrimiento de tácita injerencia en la libertad de acción de su hijo, y deseó, con un fervor que él jamás conocería, mantenerse al margen de esta lucha entre sus dos destinos. Era casi un alivio que él por su parte se mantuviera a distancia; que, por primera vez en su vida, pareciera considerar su cariño como una intromisión.