Santuario

Santuario

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Dick, que había regresado del estudio un poco antes de lo habitual, encontró una nota en la mesa de la entrada. Su madre había mantenido todo el día una estrecha vigilancia sobre aquel sobre, a la moda tanto por el color de la tinta como por la textura del papel, que venía dirigido a él con una letra rápida y entrecortada que parecía la viva representación por escrito de la manera de hablar de la señorita Verney. La señora Peyton no conocía la escritura de la muchacha, pero últimamente había visto suficientes notas idénticas en la mesita de la entrada como para que le resultara sencillo descubrir su procedencia. Dick miraba la nota con una expresión mudable, mientras su madre le servía el té. Luego la dobló, la guardó en su cartera, y dijo echándole un vistazo al reloj:

—Si no tenemos invitados esta noche, creo que voy a cenar fuera.

—Hazlo, querido. Te vendrá bien —admitió su madre.

Él no respondió. Siguió sentado, recostándose en la silla con las manos unidas detrás de la cabeza y los ojos clavados en el fuego. Cada centímetro de su cuerpo ponía de manifiesto una profunda languidez, pero su cara permanecía alerta y prudente. La señora Peyton, en silencio, se mantenía ocupada en los detalles del té, cuando, de pronto y de manera un tanto inexplicable, le preguntó casi sin querer:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker