Santuario
Santuario —¿Y tu trabajo? —dijo, escuchando con extrañeza su propia voz.
—¿Mi trabajo? —Él casi se incorporó, a la defensiva, pero sin mostrar ningún temblor en su comedido rostro.
—¿Vas avanzando? ¿Has logrado recuperar el tiempo perdido?
—Bueno. SÃ. Las cosas van mejor. —Él se levantó, echándole otro vistazo a su reloj—. Hora de cambiarme —dijo haciendo un gesto con la cabeza a modo de saludo, mientras se dirigÃa hacia la puerta.
Fue una hora más tarde, mientras cenaba sola, cuando el sonido del timbre de la puerta precedió al anuncio de la sirvienta de que el señor Gill estaba allÃ, recién llegado de la oficina. En el vestÃbulo, en efecto, Kate se reunió con el socio de su hijo, que se disculpó diciendo que habÃa creÃdo entender que Peyton iba a cenar en casa, y habÃa ido a consultarle un problema que habÃa surgido poco después de que se marchara del estudio. Al saber que Dick habÃa salido, y que su madre no sabÃa adónde habÃa ido, la perplejidad del señor Gill se hizo tan manifiesta que la señora Peyton, después de un instante, dijo un tanto indecisa:
—Puede que esté en casa de un amigo. PodrÃa darle la dirección.
El arquitecto cogió su sombrero.
—Gracias. Iré a ver si puedo encontrarle allÃ.