Santuario
Santuario Su primer impulso, a medida que las brumas fueron disipándose de su cabeza, fue el habitual: hallar las verdaderas implicaciones de lo que habÃa sucedido. QuerÃa ponerse en lo peor. Y para ella, como comprendió súbitamente, lo peor habÃa sido el tono de fatalismo que habÃa adquirido el asunto. Se estremeció ante su propia manera de decir las cosas. No era cierto, ni siquiera de manera figurada, que hubiera albergado alguna vez, desde que comenzara su relación con Denis, duda alguna relacionada con todo aquello que habÃan sugerido sus palabras, puesto que su imaginación jamás le habÃa puesto a él en entredicho. Ella solÃa someterse a duras pruebas teóricas pero, por alguna razón, jamás se habÃa llevado a Denis con ella en esas aventuras. Lo que ahora comprendÃa era que, en un universo extraño, él seguÃa resultándole el ser más cercano. No se encontraba en el trágico papel de la joven que desenmascara inesperadamente a su amado. Del rostro de Denis no habÃa caÃdo ninguna máscara: tan sólo se habÃan retirado las pantallas rosadas de las lámparas, y ahora podÃa verle por primera bajo una luz cruda y deslumbrante.