Santuario
Santuario De este modo, con frases inacabadas, se defendió ante ella: una defensa improvisada, que iba ensamblándose sobre la marcha, para encubrir la burda irreflexión de sus actos. Porque, mientras le escuchaba, Kate advirtió que en realidad no se había producido ninguna lucha en su interior. Que, de no haber sido por la adversa lógica del azar, quizá no habría sentido jamás la necesidad de justificarse. Si aquella mujer, siguiendo la pauta de todas esas malogradas cazadoras, hubiera continuado vagando en busca de una nueva presa, él podría, de forma bastante sincera, haberse felicitado por haber salvado de sus garras un apellido decente y una fortuna honrada. Era el precio que debía pagar por la interposición de aquella demanda que por primera vez le había hecho considerar, lleno de espanto, que tal vez ella tuviera razón. Su conciencia reaccionaba tan sólo ante la presión concreta de los hechos.