Santuario
Santuario La señora Peyton se volvió hacia ella con una repentina superioridad en la voz y en su actitud:
—No sé si te entiendo —dijo—. Admites tener una razón para posponer la boda y, no obstante, me prohÃbes a mÃ, la madre de Denis, preguntarle qué sucede. Mi pobre niña, no necesito preguntárselo porque ya lo sé. Si te ha ofendido y tú le niegas la oportunidad de defenderse, no necesito buscar más para saber cuáles son tus motivos. Se trata, simplemente, de que has dejado de amarle.
Kate se apartó de la puerta en la que de manera instintiva se habÃa atrincherado.
—Quizá se trate de eso —murmuró, y dejó pasar a la señora Peyton.
* * *
Las ruedas del coche que traÃa de vuelta al señor Orme se cruzaron con la indignada partida de la señora Peyton, y una hora más tarde, durante la cena, Kate escuchaba, a la suave luz de las velas y con una bien experimentada fortaleza de ánimo, los comentarios de su padre sobre la carne de venado.