Santuario
Santuario Pero lo cierto es que la señora Peyton jamás confesaría sus auténticos motivos: la relación con su hijo era la única necesidad de su vida a la que ella, con un tacto y una discreción infinitos, pero con una persistencia idéntica, se había aferrado en cada etapa de su crecimiento, disimulando sus propias emociones, adaptándose, rejuveneciendo, en el vehemente propósito de estar siempre a su lado aunque sin suponer jamás un obstáculo en su camino.