Santuario
Santuario Las emociones de la mañana la habían alterado profundamente, y se quedó sentada en el interior de su casa todo el día, dejando que su mente vagara, en una especie de piedad retrospectiva, en torno a la lealtad del pobre Darrow. Le había dedicado muy poco tiempo mientras vivió, había accedido con demasiada condescendencia a su creciente tendencia al aislamiento, y ahora le parecía una muestra de insensibilidad no haber estado más cerca de la única persona que había querido a Dick tanto como ella misma. Un remordimiento baldío la invadió al recordar cómo había reflejado ese grandísimo afecto en su carta. La extravagancia de la oferta hacía que ésta se revistiera de un patetismo aún mayor. Resultaba extraordinario, incluso teniendo en cuenta las servidumbres de la amistad, que un hombre de su casi perniciosa rectitud dejara a un lado las restricciones del honor profesional, implicando con ello la posibilidad de que también su amigo hiciera lo mismo. Su ofrenda parecía aún más perfecta al adquirir, involuntariamente, la forma de una sutil tentación.