Santuario
Santuario —SÃ. Lo he examinado todo. —Se reclinó cruzando las manos por detrás de la cabeza, extenuado y con la mirada perdida.
Ella permaneció en silencio unos segundos, y después dijo tÃmidamente:
—Mañana podrás volver a tu trabajo.
—SÃ… ¡Mi trabajo! —exclamó él como si quisiera pasar por alto un comentario jocoso muy poco oportuno.
—¿Estás demasiado cansado?
—No. —Él se levantó y comenzó a vagar por la habitación, arriba y abajo—. No estoy cansado. Ponme un poco de té, por favor. —Se detuvo delante de ella brevemente mientras le servÃa el té en su taza, y entonces, sin llegar a cogerla, se dio la vuelta para encender un cigarrillo.
—Seguramente todavÃa tengas tiempo —sugirió ella, sin dejar de mirarle.
—¿Tiempo? ¿Para acabar mis planos? Oh, sÃ… Hay tiempo. Pero ya no merece la pena.
—¿Cómo que no merece la pena? —Ella se levantó y después volvió a sentarse en la misma silla, avergonzada por haber puesto de manifiesto su ansiedad—. Siguen siendo tan válidos como la semana pasada —dijo pretendiendo darle a su voz cierta alegrÃa.
—Para mà no —respondió él—. Entonces no habÃa visto los de Darrow.