Santuario
Santuario Se produjo un largo silencio. La señora Peyton seguÃa sentada, con la mirada clavada en sus manos unidas, mientras su hijo caminaba por la habitación, inquieto.
—¿Tan buenos son? —preguntó por fin.
—SÃ.
Ella volvió a quedarse en silencio, pero poco después, elevando hacia él una mirada estremecida, dijo:
—Lo que convierte su oferta en algo aún más atractivo.
Dick estaba encendiendo otro cigarrillo, y su cara quedaba oculta.
—SÃ. Supongo que sà —dijo en voz baja.
—Según me dijo, estaban casi acabados —continuó ella, bajando la voz de manera inconsciente hasta dejarla al mismo volumen que la de él.
—SÃ.
—Entonces entrarán en el concurso.
—Naturalmente. ¿Por qué no? —contestó él casi con rudeza.
—¿Tendrás tiempo para ocuparte de todo eso y también para terminar lo tuyo?
—Bueno… Supongo que sÃ. Ya te he dicho que no es una cuestión opinable. He comprendido que no merece la pena preocuparse más por lo mÃo.
Ella se levantó y se le acercó para poner las manos sobre sus hombros: