Santuario
Santuario —Estás cansado y afectado. ¿Cómo vas a juzgar nada en estas circunstancias? ¿Por qué no me enseñas los dos diseños mañana?
Él se sonrojó vivamente bajo su atenta mirada, y se apartó con un gesto casi impaciente.
—Me temo que eso no me ayudarÃa. Tú siempre vas a pensar que lo mÃo es mejor —dijo riéndose.
—Pero ¿y si te explicara mis razones? —insistió ella.
Él cogió su mano como si se sintiera avergonzado de su propia impaciencia.
—Querida madre, el mero hecho de que tuvieras que darme cualquier tipo de explicación ya implicarÃa que son malos.
Su madre no le devolvió la sonrisa.
—¿No me permitirás entonces ver los dos diseños? —dijo con un débil matiz de obstinación.
—Por supuesto que sÃ. Si tanto lo deseas. ¡Sólo te pido que no me hables más de todo este asunto! ¿No ves que estoy molido? —dijo de forma incontrolable. Y, al ver que ella seguÃa de pie, en silencio, añadió con una voz apática y cansada—: Creo que voy a subir, a ver si puedo echar una pequeña siesta antes de la cena.
* * *