Santuario
Santuario Kate Peyton se repitió a sí misma todo esto una y mil veces durante esas horas de afligidas suposiciones en que había intentado profetizar el futuro de Dick, aunque ni en sus más descabelladas premoniciones habría imaginado que se pudiera poner a prueba su valor de una forma tan cruel. Si sus oraciones por él se hubieran centrado en un asunto concreto, habría rogado que no tuviera que pasar por ese impresionante y drástico examen de su fuerza de voluntad: que sus tentaciones resbalaran sobre él envueltas en un deslucido disfraz al que no deseara prestar ninguna atención. Ella le había protegido contra todas las formas habituales de bajeza; pero el punto vulnerable estaba más arriba, en esa región del egoísmo idealizado que es el centro de la existencia para temperamentos como el suyo.