Canto a mi mismo
Canto a mi mismo apaga tus discursos;
túmbate conmigo en la hierba.
Sólo el arrullo quiero,
el susurro
y las sugestiones de la voz.
¿Te acuerdas de aquella mañana transparente de verano?
Estabas con la cabeza reclinada en mis rodillas
y dulcemente te volviste hacia mÃ,
abriste mi camisa
y me buscaste con la lengua el corazón profundo.
Después te alargaste hasta hundirte en mi barba,
te estiraste
y te adheriste a mà desde la cabeza hasta los pies.
Conocà entonces la paz y la sabidurÃa que están más allá de las disputas de la tierra.
Y ahora sé que la mano de Dios
es la promesa de mi mano;
que el espÃritu de Dios
es hermano de mi espÃritu;
que todos los hombres nacidos en el mundo son mis hermanos también
y que todas las mujeres son mis hermanas y mis amigas…
¡que un solo germen de la creación es amor!