Voraz como el mar
Voraz como el mar El hielo crujÃa como si el océano rugiera en desafÃo. Nicholas Berg se aferró al puente de mando mientras el Hechicero esquivaba por centÃmetros un témpano gigante. La tripulación contenÃa la respiración, pero él no tenÃa tiempo para miedo. Un error, un cálculo erróneo, y terminarÃan atrapados, congelados hasta la muerte.
—¡Maldita sea, capitán! —Vinny Baker golpeó la consola—. Nos encerraron en un maldito pasillo sin salida. —Siempre hay una salida —murmuró Berg.
Pero lo sabÃa. El Golden Adventurer aún estaba lejos y ellos estaban perdiendo un tiempo que no tenÃan.
—Si reducimos la velocidad, podemos maniobrar mejor —sugirió Allen. —Si reducimos la velocidad, el hielo nos destroza —respondió Berg, con la mandÃbula tensa—. Avanzamos.
Pero entonces, el intercomunicador crepitó.
—Señor, estamos recibiendo una transmisión encriptada —informó un operador de radio—. Viene de la Flota Christy.
Berg sintió que el frÃo en su interior se intensificaba.
—Ponla en los altavoces.
El sonido chisporroteó antes de aclararse.
